viernes, agosto 26, 2016

VEAMOS LA VIDA COMO: “UN JUEGO DE NIÑOS.”

Hace unos instantes subí una fotografía mía a facebook de cuando tenía 5 años de edad – vestido de angelito- 

De esas veces que sales en tu primer festival de la escuela – en éste caso jardín de niños-  y nuestras madres fascinadas de la vida por tomarte millones de fotografías, vueltas locas por capturar todos tus movimientos, inclusive todos los pestañeos que tú dieras en el bailable. Y  tú ni siquiera ibas coordinado con los demás niños –porque ellos estaban igual que tú-, ya que disfrutabas – y estabas distraído-  de ver como tu mamá te sacaba las fotografías y no importaba nada más en el mundo que ese hermoso instante.
Al subir la foto me quedé observándola por varios minutos, fue un sentimiento extraño, verme ahí con una mirada diferente, con una sonrisa diferente, cuerpo diferente, cabello, toda una expresión diferente, y pensar “ése chiquillo era yo hace 17 años”, fue como si todo se detuviera alrededor mío, no me sentía como ése niño que veía en la pantalla de mi laptop, me sentía otra persona muy ajena a ese pequeño. Durante ése proceso, tuve un viaje hacía mi interior, esos ojos míos que veía en la foto me llenaba de una nostalgia extrema, fue inevitable contener las lágrimas y me puse a llorar. Esa dulzura que veía, esa sonrisa sin malicia y sincera, y me preguntaba ¿en qué momento la perdí? , a pesar que mi edad no es tan avanzada, el peso de los años me cayeron encima, me hicieron analizar las etapas de mi vida y como las he vivido, pensar que ahora ya soy un adulto joven, y que en muchos momentos me he olvidado que fui un niño, me he acongojado con los problemas, el trabajo, la pareja, la familia, y me dieron tantas ganas de volver a estar en ése lugar, con esa misma edad donde fue tomada aquella fotografía, pero eso es completamente imposible.
Mientras las lágrimas caían sin control alguno, tal como las hojas destinadas a desprenderse de los árboles durante el otoño, pensaba  “sé que ese pequeño sigue dentro de mí” - mientras me apretaba el pecho- y pensaba en todos los adultos que he conocido, en que mis padres también fueron unos “pequeños traviesos”, y que tal vez se han olvidado de que lo fueron algún día. Me puse a pensar que el mundo sería mejor si tuviéramos esa mentalidad y ése corazón que teníamos a los 5 años, sin querer hacer daño a nadie, solo jugar y perdonar en el mismo instante que haya sucedido algún “problema”; que lo mejor del mundo era cuando mamá y papá te sacaban de paseo y te compraban un helado, o te llevaban al parque de la ciudad o al cine.
Sólo puedo decir una cosa: que no quiero olvidarme jamás que fuí un niño y tampoco quiero que el “mundo de los adultos” se olvide que también lo fueron, que debemos ver la vida como un juego – metafóricamente, sin olvidar nuestras obligaciones- pero ser más sinceros, saber perdonar, preguntarnos infinidad de cosas acerca de la vida, llorar, reír, besar y sobre todo amar, considero que de ésa manera se puede mantener a la pequeña personita que fuimos en el ayer, y que siempre debe de estar en nuestro largo recorrido de la vida, todo para que esta sea hermosa, menos pesada y bueno, “ tal como un juego de niños”.
AUTOR: AB, Martin.