lunes, agosto 29, 2016

2. LA IRA----LO INNEGABLE (EL MOTIVO).


Era de noche, en dirección a mi casa después de haber entrenado duro, recordando mi adolescencia en la que tomé la decisión firme de llevar las artes marciales a otro nivel. 


Desde niño tuve la oportunidad de aprender Karate saliendo de la escuela, logrando destacar siempre de entre los niños de la clase; era como si sintiera que mi espíritu estuviera en una especie de exámen constante, logrando una excelencia en cada movimiento que el maestro nos dictaba repetir decenas de veces.

A mis 17 años, empecé el aprendizaje del Kung-Fu después de más o menos medio año de hacer poco ejercicio. Supe en la primera clase que ésta era el arte que estaba buscando, que tal disciplina era el complemento determinante para mi forma de ser. Una exigencia bastante mayor a la de otros sistemas, un compromiso que dirigía franca y abiertamente al conocimiento de mi lado obscuro.

Esta noche lo recordaba todo vivamente, como si al día siguiente tuviera clases en la preparatoria y tuviera que llegar a preparar algún examen pendiente. La diferencia es que hoy tengo casi el doble de edad, y aunque salía del mismo lugar de entrenamiento, mis responsabilidades y actividades para mañana eran otras.

Hacer ejercicio ha sido siempre necesario para mí, las cortas rachas en las que lo he dejado ya sea por falta de organización, tiempo o alguna lesión, son tiempos en los que mi actuar general se ve extensamente afectado y disminuido. En el auto iba pensando en la fuerte motivación que sentía al retomar mi entrenamiento una vez más, habiendo sido un fuerte dolor en la columna la razón que me imposibilitó seguir hace pocos meses.

Esta vez no sólo estaba recuperado físicamente, sino que había un impulso extra para exigirme resultados superiores a los que ya tenía. Había alcanzado la cinta negra con mi maestro hacía apenas 3 años, y aunque me eligió para participar en un equipo de sólo 3 estudiantes habiendo llegado al fin de lo que él llamaba, "la enseñanza conocida", le pedí una leve tregua para terminar de sanar la inflamación con la que llevaba ya casi 2 años.

Aquella noche, mi maestro dirigió una mirada de entendimiento y desaprobación  al mismo tiempo sobre mí; le dije que volvería lo antes posible, que no tardaría, mientras él continuaba martillando con su mirada. Finalmente sólo asintió casi imperceptiblemente con la cabeza, y salió del gran salón sin hacer ruido.

Mi sensación de impotencia y tristeza han acompañado cada día hasta esta misma tarde en la que regresé al dojo, pero ahora sé extrañamente, de qué se trataba la mirada de mi maestro aquella noche. Es de hecho, algo que podría tocar lugares de la metafísica, porque aquí, en mi auto delante de un semáforo, sé que podría haber continuado el entrenamiento a pesar de estar lastimado.... Y, ¿Cómo?.... Con la misma certeza que hoy impedirá una nueva lesión, es un saber que supera la razón, una determinación que liquida como un rayo el mundo de las explicaciones. Es la sabia mirada de un maestro que te ha elegido para formar parte de lo que casi ningún alumno conoce, lo que determina una línea que exige una decisión de romper con una vida normal.

Terminamos el entrenamiento y esperé a que todos hubieran salido a la calle, sabía que el maestro bajaría nuevamente, pues sentí su fuerte mirada desde que pisé su casa, nuevamente esa misma tarde. Cuando escuché al último compañero cerrar la puerta de la entrada, volteé al rincón del salón principal como llamado por algo, una presencia firme y potente que antes del portazo simplemente no existía. Y con un sobresalto me di cuenta de que ahí estaba parado como una estatua. ¿Nunca se fue?... ¿O cuándo regresó?. Ese segundo sentí un miedo que no conocía anteriormente, pero fue de inmediato interrumpido por su fuerte voz que aseveró:

"Antón, mañana estarás aquí a las 11 de la noche, si no llegas puntual no vengas más. Inicias la Dimensión Alfa."
Autor: Android101