martes, septiembre 06, 2016

4. LA IRA----LO INNEGABLE (SIN REGRESO).


 Salí corriendo del metro hacia Isabel La Católica para llegar lo antes posible al café. El tumulto hacía difícil el paso y entorpecía la caminata de manera desesperante por momentos, siendo que ya estaba sobre la hora y sabía que las noticias de Julieta no serían nada muy grato. 

Corrí el tramo final con poco más movilidad entre autos y más gente, pero justo llegando al cruce con Regina todo se detuvo de golpe. Había una patrulla interrumpiendo el paso por completo, la gente amontonada como hormigas queriendo ver lo que ocurría después de la valla metálica establecida por la policía.

Me era imposible pasar, así que decidí pegarme a la banqueta y ver la mejor opción para seguir. Esto era demasiado, algo malo esperaba del otro lado y yo sólo deseaba que todo estuviera bien en el café de mi amiga, a escasos metros de donde me encontraba. Al instante, un para-médico junto a un policía se abren paso empujando a la gente y gritando que se quitaran de en medio para dejar salir a una ambulancia. No tardó en sonar la estridente sirena abriendo y disipando el aglomeramiento  que se abría al casi tocar el cofre del automóvil.

Al alejarse la camioneta no dejé pasar un segundo y ya estaba del otro lado habiendo burlado dos policías confundidos por el desorden. Estaba ya frente al café con un golpe agudo de angustia, al encontrarme una acera llena de vidrios de la misma puerta y algunas mesas y sillas desperdigadas a su vez. Dentro del establecimiento, dos plásticos blancos cubrían lo que seguramente eran cuerpos seguidos de charcos e hilos de sangre alrededor. Entré de un salto al lugar queriendo comprobar que mi amiga no estuviera bajo uno de los cobertores, pero de inmediato una mano interceptó mi hombro jalándome violentamente hacia atrás, a la vez que me gritaba, "¡quieto.. ¿a dónde?!".


Fue algo desconocido,automático y radical; un momento donde mi interior se volcó por completo. Un segundo más tarde, tenía a mis pies un policía con la mano y la nariz rotas, y dos más tendidos en el piso sin conocimiento a escasos metros, mientras apuntaba con una de sus armas hacia afuera del local esperando el siguiente ataque. El oficial al que desarmé, trata de incorporarse lentamente balbuceando algo con dificultad. Su enorme estómago lo hace todo grotescamente cómico, me ve a los ojos mientras su nariz gotea como llave abierta.. "Ya te cargó hijo de la chingada..." Apenas alcanzó a decir. 
Una patada directa a la cabeza a nivel del oído, y cae noqueado sobre su lado derecho emitiendo un "crack" al golpear el suelo.

Me percaté de lo que acababa de hacer y entré en pánico; tres oficiales heridos a mi cuenta, y ahora sujetaba el revólver de uno de ellos... "¡¡Pero qué pendejo!!", me vino de inmediato a la mente... No sólo tenía 3 oficiales gravemente golpeados a mi cuenta, sino que el estar fichado en la policía de cualquier país, era el fin de cualquier participación en el entrenamiento actual con mi maestro.

Todo había ocurrido tan rápido, que parecía que nadie había notado el cambio en la escena, hasta que una señora de unos 50 años comenzó a gritar.. "¡El asesino, ahí está adentro el asesino!"..  ¡No había tiempo!

Entré de inmediato a la cocina del lugar, donde sabía que encontraría la salida trasera del local. Guardé rápidamente el revólver bajo mi chamarra y salí con prisa de ahí. Justo estaba entrando un nuevo grupo armado por la puerta principal gritando y dando órdenes, lo que facilitó que nadie estuviera atento a la pequeña puerta trasera, que era conocida sólo para el personal y gente como yo, que pasó allí tantas tardes rodeado de un ambiente familiar en los últimos años.

Caminé sin parar dejando atrás calles llenas de autos y gente apresurada. Todo tipo de caras me cruzaron a cada paso que daba, yo no pude evitar las gruesas lágrimas que volaban tras mis zancadas. La idea de que Julieta fuera uno de los cuerpos cubiertos en el suelo lleno de sangre, quemaba mi mente y me llenaba de angustia.


¿Qué estaba pasando?, ¿Lo que quería decirme con urgencia, tenía que ver con la misma tragedia sucedida?, ¿Acababa de llegar minutos tarde, al lugar donde habrían matado a una de mis mejores amigas?...

No sé en qué estación de metro entré a toda prisa, era indispensable llegar a mi casa para pensar claramente y tener alguna idea de qué hacer y cómo hacerlo. A pesar de la horrenda sensación de confusión y caos mental, estaba cierto de que nadie me había seguido, de que una vez más estaba solo en los túneles subterráneos, con la única diferencia de llevar ahora, una pistola a la izquierda de mi cintura.

Autor: Android101