jueves, septiembre 01, 2016

3. LA IRA----LO INNEGABLE (ENCUENTRO).



Ha pasado más de un mes desde que vi por última vez a Juan Pablo aquella noche en Coyoacán. Julieta me ha mantenido informado de cierta forma, pero la realidad es que tampoco la deja acercarse demasiado; a veces le toma las llamadas y solamente una vez aceptó verla hace unas dos semanas más o menos.




He dejado pasar los días sin insistirle demasiado, comprendo que se sienta incómodo después de habernos contado todo, pero esta mañana cambió de rumbo al recibir la llamada de Julieta realmente alterada por algo que, según dijo, debe decirme en persona.

Me dirijo al centro de la ciudad donde su padre es socio de una cafetería bastante concurrida, lugar en el que frecuentemente nos reuníamos a principios de la carrera para trabajar y conversar en general. El metro está lleno como de costumbre, la gente desesperada corre por los pasillos chocando entre sí, sin importarle más que su destino inindado de prisa.

Finalmente logro entrar a un vagón en el que nadie puede moverse más que forcejeando al momento de querer salir. Quedo pegado a la puerta contraria de entrada después de un par de estaciones, donde pasaré casi todo el viaje hasta llegar a Balderas donde casi la mitad de la gente sale, mientras otro tanto ocupa su lugar antes de que cierren las puertas. Esta vez hay un poco más de espacio, me percato de que hay dos jóvenes con ropa sucia justo en la entrada. Claramente se nota que están alterados por alguna sustancia; los ojos rojos y una especie de tensión los define.

Aquí mi sorpresa como de costumbre. Somos más de 50 personas solamente en este cuadrante del tren, y no veo a nadie percatarse del peligro inminente recién ingresado en esta última estación. Hay varias señoras con sus bolsas, dos hombres mayores y tres chicas de unos 20 años al alcance de estos dos sujetos.

Se abren las puertas en Juárez y sólo 4 bajan, dejando espacio para un hombre de unos 40 años que entra precisamente al lado de los jóvenes cada vez más tensos y nerviosos.

El sujeto viste un traje fino de diseño desconocido para mí, cualquiera diría que es un negociante adinerado que tuvo que subirse al metro por alguna situación nada usual. Se ve totalmente tranquilo, en una especie de control absoluto que me llena de sorpresa, como si supiera todo lo que está pasando a su derredor, el franco peligro a su corta derecha sin tener mucho juego de acción, y aún así no le importara nada.

Segundos antes de llegar a Hidalgo, estación en la que debo transbordar, el hombre me mira directo a los ojos de una manera invasiva y determinante. Me da la sensación de conocerlo, de que lo he visto antes, pero lo más perturbador es el darme cuenta de que puede leerme, de que sabe qué estoy pensando e incluso a dónde voy.



Un segundo más tarde se abren la puertas, y al instante veo cómo de un sólo giro preciso y contundente como el de una espada, el hombre saca con su cuerpo a ambos sujetos sin dejarles opción. Cuando logro salir finalmente, veo el rostro de sorpresa y descontrol en los dos. Fueron bajados del tren en un segundo y no tuvieron oportunidad de ver qué ni cómo pasó. Yo busco insistente con la mirada al hombre de traje hasta que lo alcanzo a ver casi al final de uno de los pasillos.

Definitivamente no sé cómo llegó allá en quizás.. ¡¿cinco segundos?! Empiezo a caminar en su dirección con toda agilidad, me muevo entre la gente sin chocar, sé hacerlo bien y sé que lo puedo alcanzar en la siguiente curva hacia las escaleras para hacer el transborde de línea. Al girar, sigo el caudal de la gente subiendo aceleradamente las escaleras sin poder localizarlo; sé que llegando al andén podré ubicarlo de nuevo, pienso en subirme a su vagón sin saber para qué. Sólo sé que hay algo en él que debo averiguar aunque no tenga idea de cómo.

Volteo a todas partes ya en el andén, es difícil pues el tumulto es enorme, pero haciendo uso de todos mis sentidos estoy seguro de que lo encontraré. De pronto me encuentro pisando la raya amarilla al borde de las vías y sigo buscando en todas direcciones, derecha-izquierda repetidamente sin tener éxito alguno.
Bajo la mirada tratando de pensar en lo ocurrido, ¿Será este hombre alguien especial?, ¿Estará relacionado con algo de lo que he estado experimentando últimamente?

Mientras sigo mis pensamientos, una mirada penetrante me golpea desde el otro lado de las vías del metro. El hombre está parado justo frente a mí en la dirección opuesta, me observa con toda determinación como en el vagón anterior. No sólo me perdió la pista, sino que no se movió de andén en el último trayecto. Tal cosa no la hace un hombre normal, y mucho menos logra burlar tan radicalmente a alguien entrenado como yo.

El ruido del siguiente tren llena por completo el lugar para después romper con nuestra fuerte mirada, se abren las puertas y logro entrar después del choque de masas. Ya no puedo ver nada del otro lado, las cabezas me tapan cualquier visión mientras me siento confundido y preocupado. Viene con un golpe de adrenalina en el estómago, la sensación de lo que en pocos minutos Julieta tendrá que decirme.... 
Autor: Android101